ay una pregunta que nunca falta entre nuestros visitantes: ¿Qué hacen los monjes a lo largo del día y en el transcurso de los años? ¿Cómo es la jornada del monje? 

«Nada se anteponga a la “Obra de Dios”» (Regla de san Benito, 43, 3).

La “Obra de Dios” (es decir, la oración litúrgica), ocupa un lugar esencial en la vida de los monjes, jalonando su jornada. Los reúne siete veces al día en la iglesia del monasterio, interrumpiendo otras obligaciones. De esta manera se desea subrayar la primacía de la alabanza divina, realizando así el ideal evangélico: “Orad sin cesar” (Lc 18,1).

Los monjes se unen con la oración litúrgica a la intercesión y adoración de Cristo, Sumo Sacerdote de la Nueva y Eterna Alianza. De esta manera la Liturgia de la Horas no sólo marca el ritmo de la jornada monástica, sino que permite al monje participar espiritualmente en los Misterios de Señor y de sus santos, que celebra, canta y contempla durante toda su vida.

Sin embargo, la “Obra de Dios” no se agota en la oración litúrgica. El diálogo contemplativo del monje ha de ser continuo, existencial. El monje ha de dedicarse también a otras actividades: la lectio divina, el trabajo, el servicio a los hermanos, los encuentros fraternos, el apostolado monástico… «Por eso los monjes deben ocuparse a unas horas en el trabajo, y a otras, en la lectio divina”» (Regla de san Benito, 48, 1). Todas estas actividades son, cada una a su modo, “Obra de Dios”, servicio a Dios, existencia de cara a Dios.

Esta visión unitaria de la vida la tenía muy presente el monacato antiguo: “Si cantas con tu voz acabarás teniendo que callar; canta con tu vida para que nunca calles” (San Agustín). La tradición benedictina ha resumido este programa en una conocida máxima: Ora et labora.

Horario

6.00 h - Vigilias (o Maitines)

Los monjes se levantan antes de la aurora para velar en oración. Este oficio expresa y estimula la actitud de espera al Señor que volverá, y por eso tiene el carácter de una alabanza nocturna. En este oficio se alternan el rezo de salmos y la proclamación de lecturas tomadas de la Sagrada Escritura y de los Padres de la Iglesia. Su duración aproximada es de 45 minutos; los domingos y días de fiesta se prolonga hasta una hora. Finalizadas las Vigilias los monjes disponen de unos tres cuartos de hora para la lectio divina o la oración personal.